El consejero de Cultura y Educación de la Junta de Castilla La Mancha, Marcial Marín, quiso ayer dejar claro su apoyo a la ley Wert, la LOMCE, en la que la asignatura de Religión católica computará a todos los efectos en la obtención de la nota media del curso académico, lo que influirá a la hora de acceder a la Universidad o para la obtención de una beca.
Fue durante su participación en una misa de la romería de la Virgen de Alarcos cuando preguntado por la reforma educativa del Gobierno del Partido Popular dio «su apoyo a los sentimientos religiosos de los estudiantes». «Al final la religíon va a contar, y mucho, en la educación de nuestros jóvenes», añadió el consejero cristofascista del gobierno castellanomanchego, quien prefiere gastar el dinero público en financiar una asignatura de un engaño en decadencia y sin embargo no le importa cerrar los centros médicos de los municipios rurales.
Lo cierto es que la asignatura de religión está en declive, sobre todo desde comienzos de siglo: el número de alumnos matriculados en la asignatura de Religión católica era en el curso 2000-2001 de un 83’32% en primaria, 63’71% en secundaria y del 47’68% en bachillerato; en el curso 2009-2010, los alumnos matriculados en Religión era de 74’19% en primaria, 54’39 en secundaria y 41’14% en bachillerato, según datos del Ministerio de Educación, lo que supone un descenso de más de ocho puntos en tan sólo diez años. Doy fe de ello: cuando cursé segundo de bachillerato hace dos años, de más de noventa alumnos, sólo tres estaban matriculados en Religión. En datos globales, según los últimos datos conocidos de las matrículas del curso presente, un 66’7% han escogido Religión este curso 2012-2013.
La solución de los obispos con esta ley consiste en que exista una alternativa fuerte que no le haga la competencia a su asignatura, de manera que haya un gran número de alumnos que prefieran apuntarse a Religión por su facilidad más que por su fe. Es lo único que le queda a la Iglesia Católica, S.A. para intentar alzar recuperar fieles en una sociedad cada vez menos religiosa: en 2011, un 72’7% de la población se declaraba católica, pero apenas un 13% de estos acudía a su cita de misa dominical; la cifra baja a un 7% si sólo contamos a los menores de 20 años.
Se entiende así que un gobierno cristofacista como el que tenemos quiera brindar los privilegios de una secta milenaria cuyo modo de vida es vivir del cuento. Si ya no tienen quién los escuche, ¿de qué van a vivir? Es lo que deben pensar en el Partido Popular.
