No es la muerte de la música, es la muerte de las discográficas (II)

No pensaba, ni mucho menos, hacer una segunda parte del post de hace una semana, pero quiero hacerlo para aclarar algunas cosas más desde mi punto de vista, a raíz del revuelo que se generó en los comentarios, primero por haber clasificado a ciertos cantantes de perros (Chenoa, David Bisbal… que no me arrepiento para nada) y, segundo, porque algunos comentarios me clasificaban de insolidario por estar a favor de la muerte de las discográficas.

Lo primero que quiero decir es que me reafirmo en mi postura de estar a favor de la desaparición de las discográficas. Totalmente a favor. De la muerte de las discográficas, de la muerte de la SGAE y de la desaparición de esos artistuchos que, como dije, sólo pasan por el estudio para meter su voz a una canción. Me reafirmo y lo  mantengo.

Está claro que los dueños de las discográficas, los productores y toda esa gente son un puñado de ricos, al igual que la mayoría de los cantantes consolidados que forman parte de mi personal lista de artistuchos. Pero también es verdad, y en esto doy la razón en parte a ciertos comentarios del post anterior, que el que tiene una pequeña tienda de discos, los que forman parte de la cadena de producción o distribución de un grandes éxitos, no son precisamente ricos. Y que realmente son ellos quienes ven peligrar sus puestos de trabajo. Estamos de acuerdo.

Lo entiendo, lo entiendo perfectamente. La cadena siempre se rompe por el más débil, y si una discográfica, antes de echar el cierre intenta prolongar su agonía, prescindirá de ellos para recortar gastos. Esa es la parte más dramática de todo este asunto, y estoy de acuerdo. Pero también me mantengo en que intentar parar lo imparable es algo completamente absurdo. La sociedad evoluciona y son las multinacionales las que tienen que adaptarse a la sociedad, y no al revés, como pretenden ellas y el Gobierno.

Es como si cuando llegaron las primeras farolas eléctricas, los faroleros – aquellos que iban por las calles encendiendo una a una las antiguas farolas de gas – convocasen una concentración para pedir una ley inmediata que asegurase su puesto de trabajo, en contra del progreso y el avance. Sería algo totalmente absurdo.

Las discográficas están condenadas a desaparecer. En un mundo donde cualquiera puede grabar una maqueta de su tema y darla a conocer en MySpace o Youtube, las discográficas se convierten en una parte de la cadena totalmente innecesaria. La parte triste, sí, es que los puestos de trabajo que generan las discográficas desaparecerán con ellas. Cierto es que es algo negativo en la economía de un país, y más en España.

Los videoclubs han desaparecido; encontrar alguno a día de hoy es algo casi inaudito. Las discográficas y todo lo que ellas conllevan desaparecerán a largo plazo. Es algo imparable. Su  negocio es insostenible, por mucho que se empeñen en defender que su muerte es a consecuencia de las descargas de Internet. No.

La única culpa que puede achacársele a las descargas en Internet es que ahora haya más y mejor música, que no estemos condenados a escuchar la música que Los 40 Principales acordaban emitir en un contrato con las multinacionales, que no tengamos que pagar 18 euros por un disco que en Estados Unidos vale 9 euros, que acudamos a más conciertos y que los artistas de verdad ganen mucho más dinero por sus actuaciones. Esa es la realidad.

Y para concluir, quiero citar una pregunta que en 2004 hizo en una entrevista digital Ramoncín – ese que ha descubierto que en vez de vivir de ser artista, como mejor se vive es a costa de ellos – a Robert Smith de The Cure.

P: ¿Qué sucederá cuando la educación y el respeto por la música desaparezcan totalmente?

R: No entiendo la pregunta. Si te estás refiriendo a la piratería, creo que es todo culpa de las compañías, que están asociando mucho mal rollo a la música. Estoy pensando, por ejemplo, en la presión que han hecho estos días para conseguir que se cobrasen 25 centavos más por cada descarga. No se dan cuenta de lo estúpido que es gastar el dinero en perseguir a la gente. Si la piratería falta al respeto a alguien o a algo, creo que es al modo en que funciona la industria.

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